La sed se activa principalmente cuando aumenta la osmolaridad plasmática o disminuye el volumen circulante. Los osmorreceptores del hipotálamo detectan estos cambios y estimulan tanto la sensación de sed como la liberación de vasopresina, encargada de reducir la pérdida renal de agua.
Al beber una cerveza fría, los receptores de la boca, la faringe y el aparato digestivo envían rápidamente señales de saciedad al cerebro. Por eso sentimos alivio antes incluso de que el líquido haya sido absorbido.
Pero el etanol inhibe parcialmente la liberación de vasopresina, aumenta la diuresis y reduce la capacidad del riñón para conservar agua.
Una cerveza aislada, por su elevado contenido en agua, puede aportar algo de hidratación. Sin embargo, cuanto mayor sea la cantidad de alcohol ingerida, más probable es que el balance final de líquidos sea desfavorable, especialmente con calor, ejercicio o sudoración intensa.
Por eso, la recomendación es sencilla:
Primero, agua.
Después, si apetece, una cerveza fría.
Porque una cosa es refrescarse y otra hidratarse.
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